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Anni B Sweet: Tomando Impulso

Con su disco Chasing illusions persigue la ilusión de consolidarse como una artista de banda, de directo, encerrar en el armario sus monstruos, aprender a tocar definitivamente la eléctrica. Sus nuevas letras hablan de bailar, de hablar con la libertad que dan la madurez y la luz de un sonido nuevo más pop. Y sí, está enamorada. Anni B Sweet te presenta a Ana.

ANA LÓPEZ (MÁLAGA, 1988) entra en las oficinas del sello Subterfuge como si lo hiciera en su segunda casa. Ya no es una principiante como titula el primer tema de este álbum, Beginner, que salió después de escuchar mucho a David Bowie. En ella se da cuenta de que sus sueños están llenos de polvo, se confiesa distinta tras entender los altibajos de la vida, incluso «in love everyday». En esta canción no consigue palabras para gritar en voz alta aunque sí las encuentra más adelante, junto al cambio vital que quiere conseguir y que resume muy bien en otra canción, Knives: «Se hicieron melodías para bailar y llorar, y yo elijo bailar».

«Esta canción —cuenta a Rolling Stone— la escribí en un hotel en México, estaba preocupada por el disco, sentía los cuchillos sobre mi cabeza, el cuerpo me pedía bailar aunque viniera de algo triste, es ese rollo mexicano de bailar y llorar como sensaciones que están conectadas, es sentir la música sin prejuicios, y esta vez yo elegí eso, elegí bailar».

Estos buenos propósitos se acompañan de una instrumentación preparada a conciencia para transmitir energía con Noni, de Lori Meyers, y Javier Doria como productores, y Juan de Dios en la mezcla de sonido.

«Como ahora, todo estaba lleno de pósters y de muñecos, no podía dejar de mirar, estaba por primera vez en una discográfica como las de las películas», explica Anni. Gema del Valle y Carlos Galán, los creadores de Subterfuge, también se acuerdan de lo que pensaron al verla por primera vez: «Nos hipnotizó por su voz, su gusto por las melodías y por la actitud. Inauguró una nueva generación de artistas que quieren hacer las cosas por ellos mismos de arriba abajo, que reman contigo y hacen equipo».

«Yo creo que en aquel momento no era consciente de mis limitaciones, era todo diversión y me dejaba llevar», cuenta Ana. Tanto, que actuó en el FIB y en otros escenarios sin tener aún álbum, la gente se sabía sus canciones gracias a Myspace. Pronto llegaría la edición de su debut y una gira nacional e internacional que vivió con una naturalidad que ahora, en cierta manera, añora.

«Veía imposible meterme en el mundo de la música». ¿Quién se lo diría a esa Ana que jugaba a hacer canciones en su casa de Fuengirola y las vendía a su familia, o imitaba a Christina Rosenvinge y a Luz Casal delante de un espejo motivada por la música que le ponían sus hermanos mayores en casa? «No cantaba fuerte delante de nadie, tarareaba bajito en el coche, no me gustaba mi voz aunque notaba que la podía controlar y hacer cosas con ella».

Al terminar el instituto decidió estudiar Arquitectura y Bellas Artes en Madrid. Le suplicó a su padre: «Quiero ir a Madrid, papá, que allí pasan muchas cosas». Y pasaron, en otra dirección: tres años más tarde llamaba a casa para decir que aparcaba los estudios para subirse al tren de la música.

El primero en invitarle a entrar fue su amigo, el músico y productor Javier Doria. Le puso nombre a su voz. «Me escuchó y le gustó. Cuando me pedía una canción le obligaba a darse la vuelta para no ver su cara mientras yo cantaba», cuenta Ana López. Él la convenció para cantar por primera vez con público en un garito de Malasaña llamado La Leyenda. Tenía 20 años y se atrevió con una canción de Etta James, At Last, y un tema propio llamado I Am So High. «Lo llamé así por el rollo que había a mi alrededor pero yo no he bebido mucho ni nada en mi vida», aclara.

«Cuando me felicitaron por las sensaciones que habían tenido me entusiasmé, eran las mismas que yo sentía viendo a otros artistas». Esa noche apenas durmió. Los días posteriores, su piso compartido vio amanecer sus primeras letras escritas con mayúsculas. Había nacido Anni B Sweet, nombre que eligió sin pensarlo mucho, inspirada por Johnny B. Goode, de Chuck Berry.

«A veces me he arrepentido de mi nombre artístico porque parece que sólo se quedan con el “dulce”, pero entonces no pensé que iba a sacar un disco». En el 2009, salió su estreno en el mundo discográfico: Start, Restart, Undo, con un sonido cercano al folk americano. «Por el hecho de tocar la guitarra ya era una “folkita ñoña”. Me ha costado mucho esto de las etiquetas y que me vincularan a una tendencia». Ella se reconoce en esta época inocente, enamoradiza e ilusionada, influenciada por los Beatles, Bob Dylan o Cat Power. «Yo agradezco cada entrevista que me han hecho, pero la imagen frágil cansa. Tengo mala hostia como todo el mundo, pero por respeto a los demás no la saco; ya quedó en el pasado lo del sexo, drogas y rock and roll como la única imagen válida para un músico».

«La imagen frágil ya cansa. Yo tengo mala hostia como todo el mundo, pero por respeto a los demás no la saco».

Su primera gira fue «tocar y tocar sin parar, fue todo tan rápido que me ha costado dirigirlo, ahora empiezo a disfrutarlo». Incluyendo aquella versión del Take on Me de A-ha, utilizada en una campaña publicitaria y que le pidieron hasta la saciedad. «Esa canción se grabó en casa de mis padres, en el cuarto donde yo nací. Ahora la tocamos poco para que no se asocie para siempre a Anni, pero nos abrió muchas puertas», recuerda Javier Doria.

Después de ese brillante comienzo, el desamor y el miedo apagaron la luz de la artista. En este contexto, llegó su segundo disco, Oh, monsters! (2012), en el que buscó un cambio con respecto al anterior: al folk se sumaba el dreampop, el pop a secas e incluso el rock con una presencia importante de las guitarras eléctricas. «Quería reflejar la oscuridad y la soledad que me acompañaban en ese momento, llegó a etiquetarse como dark-indie y hasta freak pop». Otra vez las etiquetas.

«Me fui a vivir sola, me hice un pequeño estudio en casa y me aparté de todo. Componía de noche, con todo en calma».

Llegó a Subterfuge con todo prácticamente montado y no había vuelta atrás. «Si hablas con Guille Galván, de Vetusta Morla, o con Ángel Luján, los productores de ese álbum —continúa Ana— te dirán que era muy cabezota porque no quería que cambiaran ni una sensación, aunque hubiera cosas que estaban mal tocadas». Necesitaba desahogarse, pero el alivio sólo fue temporal. «Es como cuando le cuentas un secreto a alguien y luego te arrepientes por completo: yo lo compartí con todo el mundo».

Fue la época en la que más insegura se sintió en el escenario. «Después de ver a tantos músicos me di cuenta de que era mala tocando y me dio el bajón porque quería llegar a lo que hacían los grupos que me gustaban. Al saber más, la inocencia desaparece, fui perdiendo la ilusión sin darme cuenta, toqué fondo».

Anni iba a los conciertos del grupo Lori Meyers como una seguidora más, entusiasmada por la energía de los granadinos en directo. «Te hacen bailar, brillan. Yo también quiero esa fuerza sobre el escenario».

En uno de ellos, Noni (cantante, guitarra y teclados) invitó a la malagueña a subir al escenario a cantar con él. La experiencia fue tan bien que la cantante terminó acompañando al grupo durante todo el 2014 en la gira de Impronta. «Nos llegamos a plantear si estaba bien o no que cantáramos juntos en sus conciertos. En Twitter había opiniones de todo tipo, los que querían y los que no, pero sin darnos cuenta estuvimos toda la gira así».

«Ya me da igual contarlo: estamos juntos, él ha cambiado cosas en mí, tiene una manera de ver el mundo de la música que me reconforta».

«Me ha contagiado las ganas de directo, quiero que la gente empiece a conocerme como una artista de banda, más allá de los acústicos». Noni conoció a Ana en un concierto con banda y por eso la ha animado a seguir en esa línea. «Es lo que quiere todo músico, ir con su banda, perder el miedo en el escenario, divertirse, dejarse llevar», cuenta el líder de Lori Meyers: «Le he dicho que yo ya he pasado por ciertas cosas, tengo algún año más que ella y llevo 15 años en esto. A veces necesitas ayuda de otras personas para realizar lo que llevas en la cabeza, para mí ha sido muy atractivo trabajar con ella».

Hace dos años que Anni dejó la ciudad para mudarse a una casa de campo con su pareja en Granada. «Necesitaba un cambio, tenía tiempo y quería viajar, quería verme con otra gente y en otras situaciones».

Gran parte de las letras de su nuevo disco han nacido allí; ha mirado mucho al cielo con su telescopio. «Granada despierta en los artistas una atracción especial por el espacio. Mira a Los Planetas, a Lagartija Nick y a otros tantos, y ahora Anni», cuenta Noni. La segunda canción del disco tiene esas estrellas, Onyx stars. «Me he encontrado con la naturaleza y con cosas que me gustaban en su estado más puro», dice Ana.

La otra parte del disco se ha compuesto de viaje con la familia Meyers y en los trayectos de ida y vuelta para no descuidar sus compromisos profesionales en la capital. «Viajar me hace pensar, muchos trocitos de las historias han salido en la carretera, los grabo en el móvil», y lo dice enseñando las casi 800 grabaciones caseras que memoriza en el teléfono. No nos extraña que otro de los temas del nuevo disco se llame Drive.

En varios momentos durante el proceso de gestación de este disco, que ha tenido lugar entre Madrid, Granada y Los Ángeles, el equipo vivió pequeños apagones. «Al principio no le daba importancia pero a la tercera lo entendí como un mensaje con segundas: la luz, eso era lo que faltaba y estas canciones han salido con ella».

Muchos esperaban encontrar algo en español. «Tenía temas en castellano pero no encajaban aquí, no encontraba el sonido para vestirlos y no he querido sacarlos a pesar de que tenía muchas ganas, quería disfrutar de lo que ya tenía».

Tampoco ha sentido la llamada de meter letras sociales a pesar de la que cae a su alrededor: «Es un país muy delicado para posicionarse ideológicamente, si digo que soy de Podemos o de otro partido la lío, y si no me posiciono con nadie parece que no me importa la política. Me hierve la sangre con muchas cosas pero escritas quedan muy fuertes, así que prefiero dejar mis letras abiertas a la interpretación de cada uno».

Uno de los films que ha marcado a la nueva Ana es Hacia rutas salvajes (2007), dirigida por Sean Penn. Basada en la historia real de un joven que lo dejó todo para perderse en Alaska en busca de un contacto real con la naturaleza y con una preciosa banda sonora (Into the Wild) de Eddie Vedder, de Pearl Jam.

«Después de verla salió I spoke to me, una canción de transición entre mi disco anterior y éste, en la que buscas salirte de todo, como cuando eres niño y nada te da vergüenza. Al final la naturaleza siempre te sorprende».

La canción Hacia lo salvaje, de Amaral, una de las pocas referencias femeninas nacionales a las que Ana acude, también se identifica con sus deseos de libertad y de vuelta a sus orígenes. «A Eva Amaral la vi en directo y flipé, la tía tiene unas letras que llegan y una energía en directo que más quisiera yo. Es una buena referencia para mí».

Para resumir qué vamos a encontrar en esta entrega, Noni le regala a Anni una definición: «Las melodías y tu manera de componer es muy 60 pero las vistes rollo 70-80». Esta vez se ha dejado asesorar desde el principio. «Antes de empezar ya sabía que quería grabar el disco con banda, con Chumi (bajista), Martí Perarnau (teclados), Nacho García (batería). Javier Doria y Noni también grabaron guitarra, entre otras cosas».

«Queríamos hacer algo más animado y se ha logrado, más intensidad, más ritmo, hemos adaptado la personalidad de Ana a eso, sin perder su esencia, hemos dejado llevar», apunta Doria. «Nos hemos roto la cabeza para que sonara así de limpio, a su gran referencia en este disco, Fleetwood Mac», dice Noni. Anni: «Rumours (1977) es mi disco favorito de arriba abajo».

Ana ha incluido su particular homenaje al bang-bang más famoso del mundo, el de Nancy Sinatra, en Watch me shoot you. Tenemos que preguntarle a quién quiere abatir ella. Ríe. «El tema tiene dos caras: por un lado va hacia los que se han portado mal conmigo y por otro hacia mí misma, a veces somos nuestro peor enemigo, y la canción me sirvió de terapia».

El título de otra canción, Everyone talks, podría ir dirigido a las redes sociales: «A veces me han llegado comentarios muy fuertes porque yo gestiono mis cuentas y me llega lo malo y lo bueno que se dice. Si critican mi música con educación no me importa pero no lo entiendo cuando van a hacer daño. La libertad de expresión no justifica todo, parece que hay gente que no le gusta verme feliz». Como contraste, adelantamos el verdadero significado de la canción, una letra de amor.

Chasing Illusions ya ha recibido las primeras valoraciones. «Me han dicho que me estoy volviendo más comercial, como si fuera algo malo. ¿Fueron malos los Beatles por llegar a más gente? Este disco es más pop y tal vez eso haga que suene más, nada más».

«Me han dicho que me estoy volviendo más comercial, como si eso fuera algo malo», replica.

También entiende que haya personas que no comprendan su imagen vinculada a la moda. «Me veo del montón y en las fotos no me gusto demasiado, pero me llaman. Estoy cómoda si las cosas se hacen con cariño, si la publicidad ayuda a que se hable de mi música, bienvenida».

Está contenta con el resultado del nuevo álbum: «lo único que le pido al público es que lo escuchen con oídos limpios, como si fuera la primera vez que saben de mí».

Al fondo de la sala oscura de un bar destaca la voz de una tal Ana, fue la primera en llegar antes de todas las «anas» que hemos ido conociendo. Es aquella que cantó At Last hace mucho tiempo. Recuerda la letra: «Mis días solitarios han terminado». «La vida es como una canción». No es ni dulce ni salada, «es como yo quiero que sea», concluye Anni B Sweet, que quiere hacerte bailar. Y está tomando impulso.

Fuente: Rolling Stone nº 185, marzo de 2015.