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Prefiero hablar de sentimientos que de política

Se reconoce como una gran tímida, pero no se esconde ni se calla. Vuelve la princesa indie de las letras melancólicas, pero con un disco más pop y luminoso. Por Gorka Goenaga / Fotos: Antón Goiri

Hay gente dotada de un aura especial, aunque no lo sepa. Es el caso de esta cantautora malagueña, de 27 años y ya con tres discos, totalmente inconsciente de su propio magnetismo. Al natural, Anni B Sweet es una chica franca, de una sencillez luminosa y con poco margen a la vanidad: cuando llega a la entrevista, apenas lleva los ojos maquillados al modo egipcio, y parece algo así como una desenfadada vestal. «¡Mirad, es como un ángel!», cuentan que se oía entre el público cuando en su discográfica, Subterfuge, la vieron por primera vez tocar. Tardaron lo que duró su concierto en contratarla.

Ana López —su auténtico nombre— apenas había cumplido entonces los 20 años, contaba solo con una modesta maqueta grabada «en un baño», había venido a Madrid para estudiar Arquitectura y, exclusivamente por el empuje de sus amigos, se había metido en el reducido circuito de los Open mics, esos pequeños conciertos en clubes donde quien quiere probar suerte se sube al escenario a tocar.

Pero Anni B Sweet es hoy, siete años después, una de las artistas con más futuro del panorama nacional. Pertenece a esa generación de chicas que componen sus temas y cantan en inglés, donde se sitúan Russian Red o Alondra Bentley. De entre todas ellas, Anni B Sweet es la más mimada por la crítica especializada, que ya desde un primer momento se rindió ante su frescura, y la calidad de su propuesta: un pop indie melódico y con toques folk, donde hay cabida para la emoción.

¿Sus influencias? Suele citar a Bob Dylan, los Beatles, Fiona Apple, Sigur Rós, Nick Drake, Joan Baez y Cecilia como sus referentes. En 2009 apareció su primer trabajo, Start, Restart, Undo, al que pertenece la versión de Take on Me (del grupo A-ha) que se usó en el anuncio de McDonald’s. A los dos años, lo había publicado en Francia y ya giraba internacionalmente: Suiza, México, Alemania, Japón. En 2012 llegó el segundo, Oh, Monsters!, dedicado a sus temores íntimos y posiblemente su disco más experimental. Ahora lanza el tercero, Chasing Illusions (persiguiendo ilusiones), en la línea melódica e introspectiva que es parte de su ADN artístico, pero con un aire más pop. Es su disco de madurez y la confirmación de que Anni ha hecho un viaje hacia un lado más luminoso y optimista de la vida.

«El tiempo es un misterio, no es lineal, sino emocional, y yo trato de atraparlo».

Mujerhoy. Con tres discos a sus espaldas, ¿es la misma chica de los comienzos?

Anni B. Sweet. Ha habido un cambio. Lo único que permanece es la ilusión. Porque no sabes cómo va a irte, y en la vida todo es misterio. Pero ahora soy mucho más… ¿profesional? Estoy dándome cuenta de lo muchísimo que me queda por aprender. También sé hasta dónde puedo llegar, y lo que estoy haciendo. Soy más consciente.

¿Cómo surge Chasing Illusions y, sobre todo, por qué se llama así?

Anni B. Sweet. Pensé que explicaba que creo sentimos todos. Nuestro día a día es «perseguir ilusiones». El ser humano es inconformista: siempre que consigues una cosa quieres más u otra diferente.

El disco es menos experimental que los anteriores y más pop.

Anni B. Sweet. Sí, porque hemos metido sintetizadores y, efectivamente, es muy distinto al disco anterior, Oh, Monsters!, donde había temas con más atmósfera, que jugaban con otros estilos, incluido el disco y la electrónica. Este es más de canciones cerradas en sí mismas. Pero las hice tal cual: en el momento que las componía, ya salían con esta personalidad. Fue extraño. Realmente no me planteo muchas cosas: funciono de manera muy intuitiva.

En sus discos se habla no tanto del tiempo actual, sino de cada uno de los momentos que vivimos. ¿Qué le obsesiona de esos momentos que se disfrutan, pero que también se pierden?

Anni B. Sweet. Me parece de una importancia primordial el que seamos conscientes de cómo nos sentimos. Al minuto. Muchas veces dejamos pasar cosas hermosas y, con el paso del tiempo, las recordamos con cierta amargura. Es verdad que intento reproducir momentos muy concretos. Para mí, componer es como escribir un diario íntimo. Me gusta esta idea de atrapar el tiempo.

¿Por qué?

Anni B. Sweet. Porque el tiempo es algo que no controlo y a mí me gusta controlarlo todo. Que se me vaya de las manos me molesta, no puedo hacer lo que quiera con él. El tiempo es además un misterio: no se mide con claridad, no funciona de una forma lineal, como parece, sino muy emocional. Y todo lo misterioso me atrae poderosamente.

Ese misterio se evoca en sus canciones. Nunca sabemos qué ocurre: todo se mueve en la ambigüedad lírica…

Anni B. Sweet. Sí, lo dejo todo un poco en el aire. Tiene mucho que ver el hecho de que sea tan insegura. Me cuesta esgrimir una razón absoluta en los temas de los que hablo. Creo en dejar esas ventanas abiertas: la posibilidad de que estemos hablando de un millar de cosas a la vez, porque hay un sentimiento por debajo que es probable que sea común.

Se define como insegura. ¿Cómo entonces puede ponerse a tocar enfrente de miles de personas?

Anni B. Sweet. No lo sé. Antes de salir al escenario no hago más que cuestionarme. Antes, no: era todo más espontáneo y loco. Posiblemente me he convertido en una mujer mucho más autocrítica. Me meto mucha caña, pero me conozco más.

¿Se hace una idea de quién es su público?

Anni B. Sweet. Veo caras, pero todo es un poco borroso. Internet ha difuminado las fronteras y me permite llegar a un público muy diverso. Hay quien me escucha y hay quien escucha a Rihanna: en la variedad está el gusto.

¿Cuándo empezó era consciente de cómo funcionaba el mundo de la música?

Anni B. Sweet. No lo era. Fue poco a poco. Madrid me parece un lugar mágico: cosas que nunca pensé que me pasarían —entrevistas, sesiones de fotos— se hicieron realidad. No tuve estrategia alguna.

¿La empujaron? Siempre he creído que lo suyo era vocacional.

Anni B. Sweet. Sí, lo fue. Siempre he escrito y compuesto porque me gusta. Mis hermanos ponían mucha música en casa y mi padre me regaló la primera guitarra.

Componer, tocar, actuar… ¿De qué parte de su trabajo disfruta más?

Anni B. Sweet. Del proceso de composición cuando sale bien, aunque actuar en directo durante una gira, una vez me relajo, es un momento incomparable.

¿Se puede ser hoy cantautora sin un mensaje político evidente?

Anni B. Sweet. Sinceramente, prefiero hablar de sentimientos que de política. No me sale otra cosa. Puedo hacerlo en privado… pero francamente no entiendo por qué ocurre lo que ocurre en este país.

¿Y qué temas le preocupan?

Anni B. Sweet. Me frustra que demos relevancia a las cosas solo cuando son noticia y luego las olvidemos. Campañas como «Je suis Charlie», «Devolvednos a nuestras niñas» o el cubo de agua… Toda la fuerza se nos va en el gesto banal. Todo parece una pose.

«Se apoya una causa y luego se olvida: la fuerza se nos va en gestos banales».

Muy personal

La primera canción que compuso «hablaba de un castillo por la montaña», pero la imagen naif se acabó convirtiendo en espejismo: «Luego descubrí que era un repetidor». Su verdadero nombre es Ana López: «Anni B Sweet quiere decir Ana, sé dulce. Me inspiré en la canción Johnny B. Goode, pero también es una ironía porque mis letras no son tan dulces como mi voz».

Fuente: Mujerhoy nº 831, 14 de marzo de 2015. Texto: Gorka Goenaga. Fotos: Antón Goiri.